Libertad de expresión no es expresión de Libertad
“'¡Socialismo!'. Se Presenta como socialista hasta el liberalismo burgués, como socialista la ilustración burguesa, como socialista la reforma financiera burguesa. (...), cuando la burguesía excomulga como 'socialista' lo que antes ensalzaba como 'liberal', confiesa que su propio interés le ordena esquivar el peligro de su gobierno propio, (...)”
K. Marx
Evidentemente, en la actualidad, este “esquivar” de las burguesías regionales adopta dos formas fundamentales, la hondureña y la colombiana. El abandono de las formas de gobierno propio de la burguesía no debemos entenderla, en estos tiempos, como la instauración de dictaduras militares terroríficas y sangrientas -al menos no por el momento-, sino, más bien, como la aplicación sistemática de las “injerencias policíacas de la burocracia, de la gendarmería y de los tribunales” en la vida popular -en el sentido del vocablo que lo ubica como sujeto político y fuente de toda legitimidad y soberanía-, es decir, asintiendo el ejercicio de las libertades constitucionales en concordancia con el interés supremo de “la seguridad pública”, con otras palabras, consentirla “bajo condiciones que son otras tantas celadas policíacas” que garanticen la vida pacífica y normal de la población -en el sentido que la ubica como sujeto y objeto de las libertades civiles que hacen a la sociedad burguesa-.
Si bien esto no seria otra cosa que el desenvolvimiento normal de las libertades civiles y políticas de las democracias (pos)modernas, en un marco regional donde existen movimientos “nacionales y populares”, “anticapitalistas”, “étnicos”, de “sexo-género”, “sindicales”, “campesinos” que exigen un ejercicio radical de la ciudadanía, de un margen ampliado de las libertades democráticas y más o menos acompañados por gobiernos progresistas. En tales circunstancias, decíamos, para las burguesías criollas, el ejercicio sistemático-constitucional del poder represivo-gubernamental de policía se convierte en una necesidad paroxística. Hemos señalado, en otra ocasión, que el propio horizonte ciudadano o democrático-constitucional de las demandas sociales, no es sino el ejercicio liberal del poder de policía que, al decir de Hegel, corresponde a la sociedad civil y que, siguiendo esa linea, Gramsci conceptuaba como “cesarismo policial”. Sin embargo, es del todo patente que esta liberalización de la policía -o radicalización de la ciudadanía y la democracia-, genera el mayor de los temores en las clases dominantes, el de la corporización del fantasma rojo (de allí sus excomuniones) y que, mal que mal, agita la “opinión pública” y hasta llega a provocar movilizaciones pacificas -en el sentido de su espíritu agonista más que antagónico-.
La cínica hipocresía de la derecha liberal argentina, que sin ocultar su alegría por el golpe de estado en honduras, así como sus simpatías por la “seguridad democrática” de Uribe (la “tolerancia cero” elevada a planos nacionales), y que jura y perjura que todo lo hace contra estos dictadores rojos como Chávez y en defensa de la libertad de expresión; que como la UCR-ARI sólo aspira a defender los intereses de “la ciudadanía”, etc. Tal cinismo hipócrita desplegado a dos voces y más, se embandera aquí, contra una ley que expresamente -del dicho al hecho- se propone atacar los monopolios para defender la competencia, no socializar los medios de producción espirituales, sino, sencillamente, democratizarlos. “¡Socialismo!”. No damas y caballeros, liberalismo político. “¡Socialismo!”, no y mil veces no, democracia liberal. “¡Socialismo!”, no, capitalismo. Son estas mismas personas las que reclaman “consenso” para aprobar una ley que es “razón de estado” y prefieren regirse por una ley “de la dictadura” antes que una “ley de la democracia y para la democracia” (“¡Socialista!”, que no). Consenso es la traducción forzada de una relación de fuerzas estatuida que los beneficia (consenso es mantener el statu quo en la distribución del poder social en dinero). Pero más allá de que estos tipos no sean capaces de consensuar en base a sus formas de “gobierno propio”, ¿qué es lo que se entiende entonces por libertad de expresión?. Por una parte, no otra cosa que el derecho a la protesta, etc. dentro de los margenes aseguradores de la ley, así, “(...), proclamándose la seguridad como un derecho humano, se pone públicamente a la orden del día la violación del secreto de correspondencia -También del Software libre-. Se Garantiza 'la liberté indefinie de la presse (...)', como una consecuencia del derecho humano a la libertad individual, pero ello no es óbice para que se anule totalmente la libertad de prensa, pues, (...), el derecho humano a la libertad deja de ser un derecho cunado entra en colisión con la vida política, (...)”. En ese circulo constitucional de libertad-seguridad esta todo encerrado el disenso de la política burguesa y sus DDHH.
Mas, por otra parte, la libertad de expresión no es más que una ampulosa celebración de la libertad de conciencia, de la libertad espiritual o de la conciencia soberana (libre arbitrio, voluntad libre, libertad de culto, responsabilidad, etc.), en palabras de Deleuze y Guattari, es el proceso de edipidización de nuestras personalidades en tanto fuerzas productivas, es el remplazo de la fabrica por el teatro, de la producción por la expresión-representación. En forma más clásica, la libertad de expresión es la reducción “est-ético política” de las libertades sociales a la condición de ciudadanía, esto es, la transustación de todos los “sistemas de vida” en “ritos formales”, el ejercicio de la soberanía de “individuos separados del control de sus fuentes de vida que, como tal libertad, tolera todas las fantochadas multiculturales, de pluralidad y de diferencia (...) toda vez que tutela por ellas”. Guy Debord se refería a esto como a la genuina condición proletaria, a la libertad desposeída, y en tal sentido, todo este “idilio burgués” por la “libertad de expresión (...) justamente tiene ese pequeño problema”. Que sólo nos permite expresarnos como individuos soberanos en tanto proletarios, pero con la trampa de la expresión libre se nos encubre la lucha por la conquista de nosotros mismos en tanto fuerzas productivas. En fin. ¿Nos tiene que llevar esto al rechazo de la presente propuesta de democratización?. Al proletariado en sentido social -pero tampoco al del sentido cultural de los sensorialistas, digo, de los situacionistas-, de ningun modo le sirve la consigna de tanto peor mejor, sino que a mayor radicalización de las libertades democráticas, será más claro que la falta de democracia ciudadana no es lo que los oprime, sino el capitalismo.